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Ángel y Demonio

Flora de Córdoba

Flora de Córdoba

Flora de Córdoba fue una mujer mozárabe del siglo IX, considerada santa por la Iglesia católica, que fue martirizada en tiempo de Abderramán II.

Flora de Córdoba y María de Córdoba fueron compañeras de martirio.

Los martirologios de Adón, Usuardo, Maurolico, el del obispo Equilino y el Romano recogen la historia de estas dos vírgenes mártires de Córdoba. Tal vez ello haya tenido que ver en la repercusión que debió tener el doble martirio en España en el siglo IX y explique la rápida difusión de su culto.

Flora nació en Córdoba. Era hija de madre cristiana, natural de Ausinianos (la actual Villarrubia de Córdoba),y de padre musulmán, natural de Sevilla, que se establecieron en Córdoba. El matrimonio tenía varias hijas y un hijo. Flora era la más joven.1​ Las hermanas fueron educadas en la fe cristiana de su madre y el hijo en la musulmana de su padre. Flora era devota, austera y observadora de su religión, practicando ayuno a diario. En edad adolescente, Flora y sus hermanos quedaron huérfanos de padre. Hasta ese momento había practicado libremente el cristianismo, pero, a partir de entonces, su hermano, de fe musulmana, intentó la conversión de sus hermanas. Las hermanas se convierten pero Flora se mantiene firme en sus creencias.

Es torturada, desollada la cabeza por flagelación (azotada por dos verdugos sin compasión en la cabeza hasta que quedó desnudo el hueso de la cabeza), llevada a su casa para ser curada e intentar convertida al Islam, pero no reniega de su fe y nuevamente huye. Permanece un tiempo en casa de un cristiano y luego en Osaria, la actual Torredonjimeno.

 

Se encontró con María en la iglesia de San Acisclo cuando rezaba para soportar el martirio. Decidieron entregarse juntas. María fue condenada por blasfemia tras condenar a Mahoma ante el tribunal y Flora por apostasía, en 851. Se presentó voluntariamente ante el cadí, junto con María, se las arrojas en un calabozo y, llegado el día de la ejecución, es públicamente degollada tras haber signado la señal de la cruz. Su cuerpo quedó expuesto para escarmiento y, tras unos días, arrojado al río Guadalquivir.

Las cabezas de Flora y María se depositaron en la iglesia de san Acisclo.

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