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Ángel y Demonio

Sofonisba Anguissola

 

 

'Autorretrato', Sofonisba Anguissola | Crédito: Wikipedia.

Puede resultar sorprendente —y más aún que caigamos en ello tan pocas veces—, pero la célebre pinacoteca madrileña sólo tiene expuestas al público tres pinturas realizadas por manos femeninas, y en los tres casos son de la misma autora: Sofonisba Anguissola

 

Las llamativas cifras no son indicativo, sin embargo, de una selección machista por parte de los responsables del Museo del Prado, sino una triste evidencia de la discriminación y las dificultades que sufrieron las mujeres artistas en otros tiempos.

En el Renacimiento, el aprendizaje artístico exigía que los alumnos se trasladaran a vivir a la vivienda del maestro lo que, en el caso de las muchachas, resultaba poco apropiado para la mentalidad de la época.

Por otra parte, las mujeres que, a pesar de todo se aventuraban en el mundo de la pintura, tenían prohibido estudiar anatomía y pintar desnudos, por lo que su aprendizaje nunca estaba en igualdad.

por lo que su aprendizaje nunca estaba en igualdad respecto al de sus colegas masculinos.

A pesar de estas y otras muchas dificultades e injusticias, Sofonisba logró destacarse en el panorama artístico de su época, un éxito en el que tuvo buena parte de culpa su padre, Amilcare Anguissola.

Este italiano perteneciente a la nobleza genovesa y con grandes inquietudes intelectuales se esforzó siempre porque sus siete hijos —seis chicas y un varón— recibieran una formación artística y humanística.

Sofonisba destacó pronto en el arte del dibujo y la pintura, así que su padre decidió enviarla a estudiar —acompañada por otra de sus hermanas, Elena— junto al maestro Bernardino Campi.  Cuando este cambió de ciudad, las jóvenes continuaron su aprendizaje con otro Bernardino, en este caso Gatti, conocido como 'el Sojaro'.

Con poco más de 20 años —en 1554—, Sofonisba destacaba ya por sus pinturas, y especialmente gracias a sus retratos, género en el que sobresaldría durante toda su carrera. Ese mismo año se trasladó a Roma para continuar con sus estudios artísticos, y en la Ciudad Eterna tuvo ocasión de conocer a uno de los grandes genios de la pintura: Miguel Ángel Buanorrotti.

 

 

 

Retrato de Felipe II atribuido erróneamente a Coello | Crédito: Wikipedia.Gracias a los contactos de su padre, el maestro de la Capilla Sixtina accedió a orientar a la joven artista, dándole numerosos consejos y ofreciéndole su experiencia artística. Aunque de forma no oficial, Sofonisba recibió la ayuda y enseñanzas de Miguel Ángel durante casi dos años.

Cuando en 1558 la joven pintora se trasladó a Milán, ya había desarrollado sus magníficos retratos, caracterizados por plasmar a sus modelos en poses informales.

Una vez en la Lombardía, el poderoso Duque de Alba se interesó por su obra y le encargó un retrato, quedando tan contento con el resultado que decidió recomendar a la joven en la corte española de Felipe II.

Fue así como Sofonisba, a sus 27 años, fue invitada formalmente por Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II, a ejercer como dama de compañía de la reina y pintora de la corte.

Una vez en España, la artista de Cremona consiguió destacar entre los artistas del momento, encargándose de realizar numerosos retratos a los miembros de la familia real.

Durante parte de este tiempo —estuvo en la corte del monarca español durante 20 años— trabajó en colaboración con el pintor Alonso Sánchez Coello, cuya obra influyó de forma notable en su estilo, lo que con los siglos terminó por causar errores de atribución en varias de sus obras.

De hecho, uno de los retratos más célebres de Felipe II, con el monarca representado en su madurez, fue erróneamente atribuido a Coello hasta fechas muy recientes.

Por desgracia, no es la única pintura que ha sufrido ese mismo error. Su proximidad de estilo a otros artistas que influyeron en su obra —o en los que influyó— en aquellos años ha llevado durante mucho tiempo a identificar algunas de sus obras como creaciones de Tiziano, Zurbarán o incluso El Greco.

Todos ellos grandísimos pinceles, por lo que incluso el hecho de que se confundieran sus obras con las de estos maestros de la historia del arte da buena muestra de la altísima calidad de las creaciones de Sofonisba.

Estos errores de atribución no sólo se debieron a las semejanzas estilísticas con otros artistas, sino también al hecho de que la italiana no firmase las pinturas que realizó en la corte española.

 

 

 

Autorretrato en sus años de vejez | Crédito: Wikipedia.Tras la muerte de Isabel de Valois, a quién sirvió como dama durante tantos años, Sofonisba acabó por contraer matrimonio en 1570 con Fabrizio de Moncada, hermano del virrey de Sicilia, por lo que terminó trasladándose allí. La artista enviudó nueve años después y volvió a casarse, en esta ocasión con un noble genovés llamado Orazio Lomellino.

Sofonisba acabó sus días en Palermo, donde murió a los 93 años convertida en una artista de gran talento. De hecho, fueron muchos los jóvenes pintores que, como Anton Van Dyck —quien la retrató anciana—, acudieron a visitarla y recibir sus consejos.

 

Su legado alcanza hoy una cincuentena de lienzos repartidos por distintos museos europeos, aunque muchas de sus obras se perdieron para siempre durante un incendio en el Palacio Real de Madrid.

Por suerte, Sofonisba Anguissola dejó también un legado que no podía consumirse entre las llamas: logró cambiar en buena medida la mentalidad de su época, abriendo el camino para que, en su tiempo y en siglos venideros, otras mujeres de talento pudieran seguir sus pasos.

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